jueves, 17 de agosto de 2017

Dr. Pedro Ortíz Ramos. Aproximación histórica a su vida y obra. Autora: María Jesús Pérez Ortiz. Con sinopsis.

«Estás para que te vea Ortiz Ramos». Durante medio siglo, esta frase se usó cuando dudaban de la sensatez de una persona. Ortiz Ramos no es otro que el granadino don Pedro Ortiz Ramos (Alhama de Granada 1903-Málaga 1977), un verdadero pionero de la psiquiatría en Málaga que desde 1933 y hasta su jubilación, 50 años más tarde, fue jefe de neuropsiquiatría del hospital civil de Málaga.
Esta es la biografía de este eminente médico, escrita por su sobrina, la catedrática de Literatura María Jesús Pérez Ortiz, que confiesa que tenía «una necesidad enorme de rendirle tributo porque creo que su memoria no ha sido justamente recuperada».
A su juicio, ese olvido se debe «a su peculiar idionsincrasia, debido a su ingenuidad y a que era un hombre en el buen sentido de la palabra bueno, como decía Machado».
Aparte de su bondad, de él destaca su «mente pleclara y su fuerza de voluntad», que le hacía levantarse a diario a las 5 de la mañana para estudiar sus casos clínicos porque como asegura la autora de esta completa biografía, «sus enfermos eran para él su vida».
María Jesús Pérez Ortiz explica que en las casi 500 páginas de biografía (Don Pedro Ortiz Ramos. Aproximación histórica a su vida y obra. Grupo editorial 33) ha querido unir a la lógica exposición de datos, numerosos testimonios y vivencias para dar a la biografía un aire novelado que no pese al lector.
El protagonista de esta obra hecha con el corazón, Pedro Ortiz Ramos, había nacido en Alhama de Granada en 1903 y tras acabar la carrera de Medicina en Granada, en 1927, con sólo 23 años obtuvo plaza en el cuerpo médico de la beneficencia provincial de Málaga, plaza que también obtendría su futuro y gran amigo Manuel Pérez Bryan. Allí coincidiría además con don José Gálvez Ginachero, una persona que encontró en el psiquiatra granadino una gran ayuda.
En 1931 fija su residencia definitiva en la Alameda Principal (entonces de Pablo Iglesias), a la que se traslada con su mujer, María Angustias Queiruga. Ese mismo año, marcha becado a París y en años sucesivos su formación abarcaría Alemania, Francia, Suiza, Japón o Estados Unidos, entre otros países.
Siempre fue su preocupación el enfermo y las mejoras de la psiquiatría, de ahí que don Pedro fuera, sucesivamente, un pionero en el electroshock y en los años 60, de los psicofármacos.
Ya en el año 34 defendía con vehemencia la estancia de los enfermos mentales en hospitales, antes que en los manicomios, como entonces se llamaban los psiquiátricos. De ellos decía: «No soy de ninguna manera partidario de los grandes manicomios regionales, que constituyen costosísimas organizaciones constituidas más bien para asombrar a los visitantes que para prestar un beneficio real efectivo».
También aplaudía, en esos tempranos años 30, las mejoras que en el Hospital Civil permitían la ampliación de los talleres de laborterapia así como la desaparición de los medios de contención violentos. Además, bajo su dirección se realizaron importantes mejoras y saneamientos en los pabellones de su especialidad.
Entre sus numerosos cargos y responsabilidades destacaron sus casi 20 años como profesor de la escuela de enfermeras del hospital provincial de Málaga.
Pero si hubo un empeño que marcó su vida, ese fue el de la Clínica de Reposo de los Ángeles, una institución que resaltó como única en el estado español el doctor Vallejo Nágera. Se inauguró en 1939 en la Huerta de los Ángeles, junto al Arroyo de los Ángeles, destinada a mujeres con enfermedades del sistema nervioso. La institución, en un paraje de ensueño, estaba atendida por las hermanas hospitalarias del sagrado corazón de Jesús y tenía todas las innovaciones del momento, desde psicoterapia hasta talleres de ocupación y balneación. Entre sus pacientes, destacó por ejemplo la escritora Jane Bowles. Era el sueño de don Pedro que las monjas continuaran con esta gran obra tras su muerte, pero no pudo ser. Paradójicamente, el día que el sanatorio cerraba sus puertas, el 26 de mayo de 1977, fallecía este gran médico que abrió las puertas a la psiquiatría moderna. Una calle (casi una avenida) dedicada por el Ayuntamiento en 2003 le recuerda. Se encuentra en los terrenos de ampliación de la universidad de Málaga.

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